FALSACIONISMO (MÉTODO
HIPOTÉTICO – DEDUCTIVO)
El investigador no enfrenta hechos. La observación no es el punto de partida de
la investigación científica, sino que se
parte de problemas. Frente a un
problema el investigador busca una solución: formula hipótesis. Las hipótesis son inventadas con el fin de
dar solución al problema. La observación
está dirigida por las hipótesis, y son estas las que determinan los datos
relevantes para la investigación.
No hay ninguna fuente de
conocimiento, ni ningún método que nos lleve con seguridad a efectuar un
descubrimiento científico. Analicemos algunos ejemplos procedentes de la
historia de la ciencia para entender más claramente esto. Con frecuencia se menciona la anécdota de
Arquímides, quien descubrió las leyes de la hidrostática mientras se
bañaba. Al darse cuenta de la liviandad
de su propio cuerpo se dice que salió corriendo del baño gritando alegremente
“Eureka, eureka” (lo encontré). El origen de la teoría de Newton, y en
particular la ley de gravitación universal habría que buscarlo, según una
anécdota, en la famosa manzana que cayó sobre su cabeza. Un tercer caso, menos conocido, es el de
Kekulé, el químico que descubrió la representación en forma hexagonal de la
molécula de benceno; según cuenta Hempel, alemán radicado en EEUU:
…durante mucho tiempo intentó sin éxito, hallar una fórmula de la
estructura de la molécula de benceno hasta que, una tarde de 1865, encontró una
solución a su problema mientras dormitaba frente a la chimenea. Contemplando las llamas, le pareció ver
átomos que danzaban serpenteando. De
repente una de las serpientes sea asió la cola y formó un anillo, y luego giró
burlonamente ante él Kekulé se despertó
de golpe: se le había ocurrido la idea – ahora famosa y familiar- de representar
la estructura molecular del benceno mediante un anillo hexagonal.
Filosofía de la ciencia natural, C. Hempel 1966
¿Qué muestran estos ejemplos? Una
lectura ingenua podría concluir que el proceso de descubrimiento científico es
casual y fortuito, que a cualquiera se le puede ocurrir una buena idea en
cualquier momento. Esto no es así. Ya la gente se bañaba antes de Arquímedes,
las manzanas se caían antes de Newton, y siempre los hombres han dormitado en
las más diversas situaciones, pero estos hechos no han producido conocimientos
científicos. Si estos hombres hicieron
descubrimientos importantes es porque antes que nada tenían un problema, es
decir, que los tres estaban buscando una explicación a algo que, en mayor o
menor medida, les resultaba desconcertante. Tener un problema, haber encontrado
algo que requiere de una explicación, ya sea porque hasta ahora no tenía
ninguna o porque la que tenía por algún motivo nos resulta insatisfactoria,
constituye el punto de partida de la actividad científica, No se puede investigar sin tener un
problema. Arquímedes, Newton y Kekulé
tenían cada uno un problema, una cuestión que querían resolver y para ello
tensaron al máximo su inteligencia, sus sentidos y hasta su voluntad.
“Existe una difundida creencia –que se remonta lejanamente a la
influencia de F. Bacon (empirista) – de que es menester estudiar los problemas
de la teoría del conocimiento en conexión con nuestro conocimiento de una
naranja en lugar de nuestro conocimiento del cosmos. Disiento con esta opinión. Es bueno recordar
que nuestra ciencia occidental, no empezó con la recolección de observaciones
sobre las naranjas, sino con intrépidas teorías sobre el mundo”. POPPER, k. “EL DESCUBRIMIENTO CIENTÍFICO,
CONJETURAS Y REFUTACIONES”. Cap 5.
La forma en que el investigador
llegó a enunciar la hipótesis (proceso psicológico libre) no brinda ninguna
fundamentación a la hipótesis. Esta
corriente epistemológica distingue entre el proceso de formulación de hipótesis
(contexto de descubrimiento) y el proceso de Justificación.
Analicemos entonces el PROCESO DE
JUSTIFICACIÓN DEL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO:
EL MÉTODO HIPOTÉTICO-DEDUCTIVO
Este consiste en conjeturar una
hipótesis o ley a partir de la cual se explican las observaciones previas y se
predicen deductivamente nuevas observaciones (proposiciones particulares
llamadas consecuencias observacionales)
Conjeturas/hipótesis SE DEDUCEN
Consecuencias observacionales (explican o predicen hechos) a ser contrastadas
empíricamente.
Las explicaciones científicas
deben de tener en primer lugar un lenguaje claro y preciso, con términos
definidos en la teoría, y una estructuración lógica de sus proposiciones. Debe
ser posible deducir de los mismos enunciados o proposiciones singulares que
puedan ser confrontadas con los hechos, es decir, consecuencias observacionales
que se puedan confrontar empíricamente.
¿Son falsables las siguientes afirmaciones?: “Los miércoles llueve”,
“Dios existe”, “Las personas de sagitario tendrán suerte en el amor”
Estos requisitos se resumen en
que la hipótesis ha de ser falsable (la terminación “able” indica
posibilidad. “falsable” es una hipótesis
cuando puede ser comprobada su falsedad. ¿Por qué? Porque lógicamente solo es
posible demostrar de manera concluyente la falsedad de una hipótesis, en cambio
no es posible demostrar su verdad.
Ejemplos:
-“Los sábados todos los programas
de la televisión son muy buenos”. No hay claridad ni precisión. Parece
falsable, porque si existe un programa que no es bueno los sábados resultaría
falsa. Pero ¿Con que criterio se decide
que un programa de televisión es muy bueno? No es una hipótesis falsable porque
no nos posibilita su contrastación empírica.
-“Todas las sustancias se dilatan
con el calor”. Se puede falsar mediante un enunciado observacional en el
sentido que una sustancia X no se dilató al ser calentada. Es falsable.
Para el falsacionismo entonces,
no puede verificarse una hipótesis por medio de la comprobación de sus
consecuencias observacionales (falacia de afirmación del consecuente) en cambio
es refutable (la hipótesis es falsa)
cuando estas consecuencias son falsas (Modus
Tollens). A diferencia del inductivismo, los falsacionistas proponen el
Criterio de Falsabilidad: una hipótesis es científica si y sólo sí es posible
demostrar que es falsa.
Una teoría ha sido refutada
cuando de la misma se deducen proposiciones que, al cotejarlas con los hechos
no se verifican. Así, por ejemplo, de la
teoría que afirma que la tierra es plana se deduce que el casco y los mástiles
de un barco desaparecerán simultáneamente en el horizonte; pero esto último no
sucede; por lo tanto la tierra no es plana. La teoría ha sido refutada. La forma de razonamiento empleada para
refutar teorías es la regla del Modus Tollens:
-
Si la tierra es plana, entonces el caso y los
mástiles del barco desaparecerán simultáneamente en el horizonte.
-
Pero el casco y los mástiles no desaparecen
simultáneamente.
-
En consecuencia, la tierra no es plana.
Al NO poder
verificar una hipótesis, peri SÍ poder refutarla: las teorías científicas son
aceptables en tanto que no puedan
refutarse, pese a haber tratado de hacerlo –no hay razones para
descartarla- aunque su aceptación será solo provisoria, es “corroborada
por el momento”, ya que es
factible que sea refutada en un momento posterior. Si las conclusiones singulares no resisten la
contrastación, son demostradas falsas, la teoría resulta falsada o refutada.
Popper afirma
que es necesario proponer hipótesis audaces –o como él llama “conjeturas
audaces”. Las teorías que han sido falsadas tienen que ser rechazadas de forma
tajante. La empresa científica consiste
en proponer hipótesis sumamente falsables, seguidas de intentos deliberados y
tenaces de falsarlas. Como dice Popper:
“Por ello puedo admitir con satisfacción que los falsacionistas como yo
preferimos el intento de resolver un problema interesante mediante una
conjetura audaz, aunque pronto resulte ser falsa (y especialmente en ese caso),
Lo preferimos porque creemos que esa es la manera en que podemos aprender de
nuestros errores; y que al descubrir que nuestra conjetura era falsa habremos
aprendido mucho sobre la verdad y habremos llegado más cerca de la verdad”.
Aprendemos de
nuestros errores. La ciencia progresa
mediante el ensayo y el error. Debido a
que la situación lógica hace imposible la derivación de leyes y teorías
universales a partir de enunciados observacionales, pero posible la deducción
de su falsedad, las falsaciones se convierten en importantes hitos, en logros
sobresalientes, en los principales puntos del desarrollo de la ciencia.
El
falsacionismo sostiene que la ciencia busca la verdad, pero que solo es posible
acercarse a ella tratando de probar la falsedad de las hipótesis científicas y
prefiriendo aquellas hipótesis que, por el momento, no han podido ser
falsadas. El propósito de la ciencia es
falsar teorías y reemplazarlas por teorías mejores, teorías que demuestren una
mayor capacidad para resistir problemas.
El
conocimiento científico aumenta a medida que se refutan teorías. Si bien
nuestro conocimiento es provisional,
siempre estamos acercándonos a la
verdad, siendo el conocimiento acumulativo: “a medida que aprendemos de
nuestros errores nuestro conocimiento crece...”
“EL MÉTODO DE LA CIENCIA ES EL DE
REALIZAR CONJETURAS AUDACES Y INGENIOSAS, SEGUIDAS POR INTENTOS RIGUROSOS DE
REFUTARLAS” K. POPPER
Si bien se logra refutar la hipótesis, o pese a someterla a numerosas
pruebas para falsarla, no se logra refutarla.
La primera posibilidad obliga a descartar hipótesis; la segunda
permite su aceptación provisoria.
Tesis del falsacionismo:
1.
El conocimiento parte de problemas.
2.
Las hipótesis son libremente inventadas, con
el fin de dar una solución tentativa al problema. Son conjeturas.
3.
Se rechaza la inducción como justificación
de hipótesis. Por la experiencia no
podemos saber si una proposición es verdadera, no podemos verificar una ley ni
asignarle grado de probabilidad a las proposiciones universales. La experiencia sólo nos puede enseñar que son
falsas. Criterio de Falsabilidad.
4.
El conocimiento científico se caracteriza
por estar formado por proposiciones falsables.
5.
Toda hipótesis ha de ser sometida a crítica,
a través de la discusión y contrastación de sus consecuencias observacionales.
6.
Las hipótesis falsadas deben ser rechazadas
y las que no se han refutado –por el momento- son aceptadas provisoriamente.
7.
Se aprende del error en tanto se lo
comprende y se intenta superar.
8.
La comprensión del problema, mediante la
propuesta de soluciones tentativas y la eliminación de errores permite el
aumento o progreso del conocimiento, formulándose teorías “mejores”.
9.
No hay fundamentación de la verdad de las
teorías científicas. Únicamente la
búsqueda de refutación de las hasta el momento exitosas y las formulaciones de
nuevas teorías, mejores que las anteriores, posibilitan extender nuestra
información y comprensión de la realidad, aproximándonos a la verdad.
CRÍTICAS AL FALSACIONISMO
Los críticos
al falsacionismo declaran que los partidarios de esta posición están en lo
cierto cuando afirman que la experiencia no nos puede enseñar de modo
contundente la verdad de una ley científica pero se equivocan al afirmar que la
experiencia nos muestra – a veces- de modo inapelable la falsedad de una ley
científica. Los enunciados
observacionales derivados de una teoría, no
sólo dependen de ella sino que son falibles. La propuesta falsacionista, al deducir
lógicamente la falsedad de un enunciado universal a partir de la falsedad de un
enunciado observacional, lleva implícito el supuesto de que existen enunciados
observacionales totalmente seguros, cuando una teoría choca con un enunciado
observacional podría ser que el enunciado observacional estuviera errado y no
la teoría. Se podría rechazar un
enunciado observacional y conservar la teoría con la que choca.
La mejor
salida ante una falsación es registrarla, y no darle tanta importancia como
para echar por tierra lo elaborado. Por
un lado, el falsacionismo pretende que se aprenda del fracaso, según Popper, se
avanza en el conocimiento sólo por medio de la refutación y no de la
verificación. Sin embargo, muchas veces
– la historia es testigo de ello- cuando los científicos gritaron más fuerte que
sus fracasos, avanzó la ciencia. Por
otro lado, con suficientes recursos y algo de suerte, una teoría puede triunfar
durante mucho tiempo aunque sea falsa, simplemente porque no pudo ser refutada
–no se encontró una consecuencia observacional falsa- ya que la hipótesis de la
que se parte en el falsacionismo, está tan falta de corroboración universal
como lo está la proposición universal de la conclusión del inductivista.
La historia de
la ciencia muestra que las teorías que gozan de credibilidad por parte de la
comunidad científica no se abandonan sin más ante la aparición de refutaciones:
La persona a la que se le aplicó por primera vez
el antibiótico inventado por Fleming murió a los pocos días. Pero no se rechazó la teoría. Se aprovechó la nefasta experiencia, ya que
el problema no era que la penicilina fuera ineficaz, sino que la cantidad que
se aplicó resultó insuficiente. En la
medicina abundan este tipo de ejemplos: injertos, transfusiones, vacunas etc. --------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
LAS DESVENTURAS DEL PENSAMIENTO CIENTÍFICO Gregorio Klimovsky
(…) La concepción hipotética de la ciencia, supone admitir, lisa y llanamente, que la mayoría de los enunciados científicos, en un momento determinado de la historia, son aceptados por los hombres de ciencia a título de hipótesis y no de enunciados justificados. Platón, Kant o Aristóteles dirían que estamos ante una conclusión pesimista, pero también es posible concebirla como una posición modesta, ya que trabajar con hipótesis o conjeturas es admitir que estamos concibiendo visiones provisorias de la realidad, susceptibles de ser mejoradas, corregidas o aun drásticamente cambiadas, según las circunstancias. La historia de la ciencia ha demostrado que es conveniente concebir a la ciencia de esta manera, porque aun las mejores teorías científicas han terminado por ser reemplazadas por otra a las que se las ha considerado más eficaces u otras abarcativas. Si la concepción hipotética parece razonable para ciencias fácticas tales como la física, química o biología, con mayor razón aún lo será en el ámbito de las ciencias sociales, donde hay una propensión mayor a convertir nuestras creencias, prejuicios e ideologías en dogmas o verdades evidentes para nosotros, a la vez que los puntos de vista de nuestros colegas aparecen intuitivamente como radicalmente equivocados y dignos de ser combatidos, aun con los peores recursos. Es adecuado, desde el punto de vista de la ética cultural, que seamos conscientes de que nuestras teorías sociológicas, jurídicas o económicas, son conjeturas provisorias acerca de cómo “funciona” la realidad, y que debemos estar dispuestos a abandonarlas para que su lugar sea ocupado por mejores aproximaciones.
El corazón de esta metodología radica en la noción de enunciado hipotético o simplemente hipótesis, y es por ello que ofrecemos la siguiente caracterización detallada de este concepto:
1)una hipótesis científica es un enunciado afirmado o formulado por alguien, un hombre de ciencia o una comunidad científica, en cierto lugar, en ciertas circunstancias y en cierto momento de la historia. De acuerdo con esta exigencia, el status de hipótesis de un enunciado tiene historia, porque dependerá de que alguien la haya formulado como tal en determinada oportunidad.
2)En el momento en que se propone una hipótesis, para quien la formula se halla en “estado de problema”: se ignora su valor de verdad, es decir, no está verificada ni refutada. Si, por fortuna, se la pudiera verificar, dejará de ser un a hipótesis y se convertirá en un enunciado verdadero, es decir, conocimiento científico probado. Apeteceríamos que esto ocurriese pero, como vimos, parece que en el caso de ciertos enunciados nos está totalmente vedada tal prueba o verificación. Podría ocurrir, por otra parte, que se pudiese probar la falsedad del enunciado hipotético, es decir, que fuese refutado. En tal caso el enunciado también deja de ser una hipótesis. Se afirma, por ejemplo, que en el siglo XVIII el químico alemán Sthal formuló la “hipótesis del flogisto”, aunque luego se muestre por qué resultó ser falsa. Lo que se quiere decir es que en aquel momento se ignoraba su valor de verdad y hubo de pasar el tiempo para que se la dejara de concebir como hipótesis pues se probó que el enunciado conjeturado era falso. Hecha esta aclaración, no hay contrasentido alguno en la afirmación de que la hipótesis del flogisto resultó ser falsa. Se trata de una suerte de cortesía histórica para con Stahl y los flogicistas. El ejemplo muestra, que el status de hipótesis tiene sentido histórico, y lo que hoy es hipótesis puede no serlo mañana, y lo que es hipótesis para Juan puede no serlo para Pedro (quizá porque Pedro, a deferencia de Juan, ya conoce cuál es el valor de verdad del enunciado).
3) Quien formula la hipótesis, pese a que ésta se encuentra en estado de problema supone que ella es verdadera. Lo hace como quien practica una suerte de juego, una de cuyas reglas consiste precisamente en admitir provisionalmente la verdad del enunciado “para ver qué pasa” en consecuencia. La palabra suposición no debe ser entendida aquí como sinónimo de creencia, lo cual no impide que realmente aquel que propone la hipótesis crea en la verdad del enunciado que afirma. Puede suceder, que quien formula la hipótesis no crea en ella, pero tal cosa no hace a la cuestión. La hipótesis pudo haber sido formulada por un colega y nosotros estar convencidos por distintas razones de que podemos refutarla. Pero en cuanto consideramos la hipótesis del colega “para ver que pasa” con ella, debemos suponerla verdadera, aunque nuestro propósito sea mostrar que tal suposición conduce a una terrible contradicción, caso en el cual quien la propuso será condenado al escarnio y la befa, a la vez que nuestro espíritu se colmará de malvada satisfacción.
4)La anterior definición de hipótesis científica no concuerda exactamente con el uso del término hipótesis que se emplea en el lenguaje cotidiano, porque en éste es perfectamente posible que se formulen enunciados hipotéticos cuya falsedad ya se conoce. Muchas veces se proponen las llamadas “hipótesis contrafácticas”: de un episodio no acontecido, por ejemplo, se supone que aconteció con el fin de deducir que hubiera sucedido en tal caso. De ello puede resultar, quizás, una moraleja o un relato de ciencia ficción. (…)
De ahora en adelante, mientras no aclaremos lo contrario, cada vez que hablemos de una hipótesis se entenderá que se halla en estado de problema, y que dejará de ser hipótesis en el momento mismo en que se obtenga de ella una verificación o una refutación Podemos ahora presentar la concepción contemporánea acerca de la ciencia, pese a sus amplias y significativas variantes, afirmando que, en su mayor parte, los enunciados que constituyen las teorías científicas son hipótesis y, en tal sentido, tienen un carácter provisional, por cuanto pueden resultar a la postre verificadas o refutadas. En este último caso, nos veremos obligados a modificar o sustituir las teorías, es decir recurrir a nuevas hipótesis en lugar de las anteriores.
¿Cómo opera entonces el método científico, dado que ahora no disponemos de ningún enunciado de partida concluyentemente verificado y debemos tratar con hipótesis? Comencemos preguntando: ¿por qué nos vemos obligados a formular hipótesis? Éstas no surgen seguramente por generación espontánea, sino como respuesta a algún problema. Ciertos hechos pueden haber llamado nuestra atención por ser incomprensibles u oponerse a aquellas creencias a las que, hasta el momento, no se corresponden con lo esperado. Cuando surge un problema de este tipo, científico o tecnológico, se formulan hipótesis con el fin de explicar lo que nos intriga y acceder a las aplicaciones prácticas que generalmente surgen de tener un problema solucionado. El primer paso en la historia de la ciencia que lleva a proponer una hipótesis es la existencia de un problema, aunque esto no niega que, en algunos casos, una hipótesis pueda surgir por razones psicológicas totalmente independientes de la existencia de algo intrigante. A veces se afirma que la resolución del problema requiere de una teoría y no de una mera hipótesis, pero una teoría no es otra cosa que un conjunto de hipótesis mantenidas a la vez, lo cual no impide que este conjunto sea unitario: en ciertos casos una teoría puede estar constituida por una sola hipótesis.
Frente a un problema, no siempre hay una única hipótesis posible que lo resulta o sea pertinente para investigarlo. La diferencia que advertimos entre el temperamento clásico ligado a la investigación científica y el moderno punto de vista hipotético es que éste permite proponer distintos modelos provisorios de la realidad para comprender lo que nos intriga. Forma parte de las características “democráticas” de la actividad científica de permitir, en principio, que cada científico intente dar solución a un problema, mediante la formulación de hipótesis, de la manera que mejor le parezca. La tolerancia es una ventaja para la marcha de la investigación científica. Cuantos más modelos se propongan, más posibilidades tendremos de encontrar la verdad o por lo menos, una presunta verdad que admitiremos como guía de investigaciones posteriores. Pero una hipótesis no es piedra libre para que cada investigador disponga de su teoría propia o exprese sus prejuicios a través de sus hipótesis. Hay criterios que permiten decidir, en un momento dado de la historia de la ciencia, si una hipótesis o teoría es “mejor” que otra y, por tanto, cuál de ellas ha de ser escogida por la comunidad científica. Pero en principio, las hipótesis que se formulan a propósito de un problema pueden ser múltiples, alternativas y hasta antagónicas. Señalemos que las hipótesis tienen carácter provisorio y es necesario aceptar que la mayoría de ellas serán refutadas y abandonadas en el futuro. Incluso puede suceder que algunas, repudiadas en cierto momento histórico, vuelvan a ser tenidas en cuenta en una etapa posterior del desarrollo científico.
¿Qué hacer con las hipótesis?
Supongamos que, dado un determinado problema, alguien ha formulado una hipótesis H1, que trata de resolverlo. Por ser una hipótesis, H1, no puede ser sometida a un proceso directo de verificación o refutación; si se trata de una generalización, porque excede en su descripción de la realidad el número finito de casos del cual disponemos, y si contiene términos teóricos, porque hace afirmaciones acerca de lo no observable. En tal sentido, una hipótesis sería, en principio, una simple conjetura; pero no podemos pensar que el método científico consista simplemente en formular hipótesis, enorgullecernos por ello y dar por terminada la investigación. Proponer simplemente una hipótesis no es sinónimo de haber obtenido conocimiento. Primero es razonable tratar de analizar qué se deduce lógicamente de ella. La ventaja de hacerlo es que la hipótesis puede, a la manera aristotélica, producir nuevas hipótesis, y por otra parte, llevarnos a obtener cierto tipo de enunciado observacional que nos permita controlar la hipótesis por medio de la experiencia.
H1 Hipótesis de partida
Deducciones
Contrastación de H1
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1 2 3
Observaciones pertinentes
En el diagrama hemos representado la hipótesis H1 a partir de la cual, por deducción, obtenemos nuevos enunciados, H2, H3, y H4 (las flechas simbolizan deducciones que pueden ser muy complicadas). Por el momento, llamaremos a H1 “Hipótesis de partida” (se entiende, de la investigación), aunque puede llegar a ser, en algunos casos, el principio de una teoría, en cuyo caso también se la llamará “hipótesis fundamental”. En general, no se sabrá si es verdadero o falso lo que se obtenga deductivamente de una hipótesis y , puesto que debemos suponer que la hipótesis de partida es verdadera y razonamos correctamente, garantizando así, la conservación de la verdad, estamos obligados a suponer, consecuentemente que H2, H3 y H4 también son verdaderas. Como se cumplen las condiciones definitorias de lo que hemos llamado hipótesis, resulta entonces que H2, H3 y H4, lo son. A estas hipótesis deducidas de una hipótesis de partida las llamaremos “hipótesis derivadas”. Se entiende que el razonamiento que permite obtenerlas, indicado en el esquema por medio de flechas, es estrictamente deductivo, y que no se trata de inferencias aproximadas o estadísticas que no tienen garantía de conservación de la verdad. En principio, la obtención de nuevas hipótesis a partir de la hipótesis inicial es un proceso que no tiene por qué concluir en momento alguno (…) Esta máquina lógica de obtención de hipótesis a partir de la hipótesis de partida es potencialmente infinita: no hay límites para lo que puede obtenerse por vía deductiva, aunque es obvio que sólo algunas de las hipótesis que así se produzcan serán verdaderamente interesantes para el problema que estamos investigando. Conviene señalar que cuando hablamos de deducciones nos referimos a todas las formas correctas de razonamiento que reconoce la lógica, y cuyo número de premisas puede ser muy variado. (…)
Obtener hipótesis derivadas tiene múltiple interés. Si se advierte que son, en realidad, enunciados previamente verificados, o al menos ya adoptados por los científicos podrá decirse que la hipótesis H1, explica las hipótesis derivadas cuya verdad ya era conocida. Consideremos por ejemplo la teoría de Newton. Sus hipótesis fundamentales (las tres leyes del movimiento y la ley de gravitación universal) constituyen una suerte de gran hipótesis de partida única que resulta de afirmarlas simultáneamente y lo que estaría en estudio sería entonces este gran “hipotesón”. Ahora bien, ya era conocida y admitida en tiempos de Newton*. Se dice entonces que la hipótesis newtoniana de partida (el hipotesón”) o la teoría de Newton, explica la ley de caída de los cuerpos. ¿Qué significa esto? Que ahora se comprende por qué los cuerpos caen así y no de otro modo, ya que su comportamiento se deduce de los principios de la teoría newtoniana, siempre y cuando, naturalmente, tal teoría constituya nuestro marco teórico aceptado. La deducción de hipótesis derivadas tiene, entonces, un interés explicativo.
Un segundo interés podría ser llamado sistemático y se vincula con aquella afirmación de Nagel según la cual la ciencia es conocimiento sistemático y controlado. Cada una de las hipótesis científicas podría obtenerse, en principio de manera independiente, pero si esto sucediera la investigación científica sería algo muy complicado. No es conveniente concebir a la ciencia como un conjunto disperso e inconexo de hipótesis. Es muy importante advertir que el conocimiento científico puede sistematizarse y jerarquizarse en el sentido de que gran parte de nuestros conocimientos se obtienen a partir de algunos que son más fundamentales o, por lo menos, que se obtienen a partir de algunos que han sido obtenidos y admitidos. El esquema lógico jerárquico que hace depender ciertas verdades de otras es el que transforma a la ciencia o, por lo menos, a una teoría científica, en un sistema. Si no fuese por el empleo de la herramienta deductiva, tal sistematicidad no podría obtenerse y en este aspecto el temperamento científico contemporáneo prolonga la tradición deductivista de Aristóteles.
Un tercer interés de las hipótesis derivadas radica en que, utilizando el mecanismo lógico, no sólo obtenemos hipótesis ya aceptadas, que quedan así explicadas y también sistematizadas, sin o además nuevas hipótesis y, por lo tanto en el contexto de descubrimiento, posibles nuevas leyes científicas y nuevo conocimiento.
Es indudable que formular una hipótesis tiene serias consecuencias desde el punto de vista epistemológico, porque quien la propone queda atrapado en una red infinita de hipótesis implicadas por la hipótesis original. Un científico puede quedar prendado de una hipótesis por la cual siente particular afecto, pero comprobar luego que algunas de sus hipótesis derivadas resultan a la postre inquietantes o descabelladas. Las hipótesis de partida de la teoría darwinista original parecen inofensivas, pero al cabo de deducir y deducir se arriba a la hipótesis derivada llamada “principio de selección natural”, que tiene fuertes connotaciones polémicas, éticas y teológicas. Quien formula una hipótesis debe, por tanto, hacerse cargo de sus consecuencias. Tanto la hipótesis inicial como las que se deducen de ella son algo así como una estructura especulativa y el método que estamos empleando, por el momento, no pasa de ser una especie de máquina para especular. Pero ya se advierte por qué se lo llama “hipotético deductivo”: se trata de la propuesta de hipótesis y de la obtención de otras hipótesis por medio de la deducción.
Consecuencias observacionales y contrastación
Así concebida, esta máquina de producir hipótesis no podría en modo alguno ser fuente de conocimiento, pues nada hay en ella que informe acerca de los presuntos méritos de nuestra red deductiva para describir la realidad. Se requiere algún componente metodológico adicional que permita estimar la excelencia o las falencias de las hipótesis obtenidas con este método, y cuya misión radicará en comparar lo que tales hipótesis afirman con lo que en realidad ocurre. La realidad se nos ofrece a través de la base empírica, y por tanto parece inevitable a modo de control de nuestras hipótesis, comparar lo que se ha conjeturado con lo que se advierte en la base empírica.
¿Cómo puede hacerse? Si de la hipótesis original se logra obtener, luego de deducir y deducir, algún enunciado empírico básico, de primer nivel, parecería que la hipótesis inicial está implicando afirmaciones acerca de lo observable. Llamaremos a estos enunciados “consecuencias observacionales” de la hipótesis. Parece conveniente llevar a cabo la comparación entre lo que afirman estas consecuencias observacionales y lo que muestra la base empírica. En este punto el científico debe apartarse momentáneamente de la estructura deductiva descrita y realizar observaciones espontáneas, sistemáticas o provocadas por medio de experimentos. Por esta razón el método hipotético deductivo debería denominarse con mayor propiedad “método hipotético deductivo empírico”.
¿Cómo puede hacerse? Si de la hipótesis original se logra obtener, luego de deducir y deducir, algún enunciado empírico básico, de primer nivel, parecería que la hipótesis inicial está implicando afirmaciones acerca de lo observable. Llamaremos a estos enunciados “consecuencias observacionales” de la hipótesis. Parece conveniente llevar a cabo la comparación entre lo que afirman estas consecuencias observacionales y lo que muestra la base empírica. En este punto el científico debe apartarse momentáneamente de la estructura deductiva descrita y realizar observaciones espontáneas, sistemáticas o provocadas por medio de experimentos. Por esta razón el método hipotético deductivo debería denominarse con mayor propiedad “método hipotético deductivo empírico”.
Llamaremos “observaciones pertinentes “a aquellas que se efectúen con el fin de averiguar cual es el grado de acierto o desacierto de las consecuencias observacionales deducidas de una deducidas de una hipótesis. No es forzoso que una hipótesis (o las hipótesis fundamentales de una teoría) tengan consecuencias observacionales, pero de existir éstas será posible llevar a cabo observaciones pertinentes y proceder al control de la hipótesis. Supongamos que estamos en presencia de la consecuencia observacional O1 y realicemos la observación pertinente 1 para ver si lo que acontece en la base empírica se corresponde o no con lo que afirma O1. Esta consecuencia observacional podría afirmar, por ejemplo, que la aguja de cierto dial debe coincidir con la raya número diez de la escala, enunciado pertinente y comprobamos una de dos posibilidades: que las cosas no son como las describe O1 (la aguja no coincide con la señal diez) o bien que sí lo son (la aguja coincide con la señal diez) En el primer caso, resulta que O1 es falsa, con lo cual refutamos la consecuencia observacional. Pero si hemos partido de una sola hipótesis, H1, nos vemos forzados a reconocer que H1, también debe ser falsa ¿Por qué? Porque si H1 hubiese sido verdadera, también O1 debió haberlo sido, puesto que la hemos obtenido razonando correctamente, con garantías de conservación de la verdad. Pero O1 es falsa, y por consiguiente H1 tiene que serlo también. En este momento, H1 deja de ser una hipótesis y muestra ser un enunciado falso: hemos refutado la hipótesis. Podría decirse que éste es uno de los modos característicos mediante los cuales una hipótesis es refutada y deja, por consiguiente, de hallarse en estado de problema. Su condición de hipótesis muere por refutación.
¿Qué sucedería en cambio si la observación pertinente O1, coincidiera con lo afirmado por la consecuencia observacional? En nuestro ejemplo veríamos coincidir la aguja con la raya diez de la escala y diríamos que la consecuencia observacional es verdadera. ¿Podemos por tanto afirmar que la hipótesis de partida H1 también es verdadera? Aquí debemos recordar las consideraciones que hicimos: no podemos afirmar nada al respecto, porque de premisas falsas se puede obtener una conclusión verdadera. Por consiguiente, ante el hecho de que O1 es verdadera, nos cabe la siguiente duda: que H 1 sea verdadera y que nuestra deducción nos ha hecho concluir O1, también verdadera, o bien que H1 sea falsa pero nos hallemos ante uno de aquellos extraños casos en que un razonamiento correcto tiene alguna premisa falsa pero conclusión verdadera. La verdad de O1 no nos permite decidir acerca del valor de verdad de H1: no hemos ganado conocimiento y H1 prosigue en estado de problema. Lo único que podemos afirmar es que hemos puesto en aprietos a la hipótesis inicial y que ésta, por el momento, salió airosa. Si queremos seguir manteniendo H1, podemos hacerlo, pues no ha quedado refutada, sino que, por el contrario ha resistido con éxito un intento de refutarla. Salió victoriosa de la dificultad. Se le ha pedido a la hipótesis su documento de identidad y lo ha exhibido.
La operación que hemos descrito, que implica poner a prueba una hipótesis examinando una consecuencia observacional de la misma, se llama “contrastación de la hipótesis”. Como resultado de la operación de contrastar una hipótesis se obtiene o bien refutación y abandono de la misma, o bien, su conservación y supervivencia. Lo que la contrastación no puede garantizar es la verificación de la hipótesis, sino algo más débil que, Popper llama “corroboración”. La corroboración significa, simplemente que si bien seguimos sin saber nada acerca de la verdad de la hipótesis, ésta ha resistido un intento de refutarla y ha probado, hasta el momento, no ser falsa. Popper dice. “ha mostrado su temple”. La operación de contrastación es el resultado de destruir la hipótesis o bien no sabemos lo que pasa con ella. De cualquier manera, la operación de contrastación pone bajo examen a la hipótesis inicial, y como se advierte si la hipótesis es errónea, muy bien puede suceder que de ella se desprenda una consecuencia observacional falsa y de esta manera quede desenmascarada su falsedad. En esto consiste el método hipotético deductivo. (…)
Para referirse exclusivamente a la operación de verificar o refutar una consecuencia observacional se usa se emplea el anglicanismo “testeo”. La operación de contrastación, en cambio es la de poner a prueba y estimar las consecuencias de la hipótesis de partida mediante el proceso ya descrito de deducir, obtener consecuencias observacionales, realizar observaciones pertinentes y concluir del “testeo” qué ocurre con la hipótesis original. En este sentido, la contrastación es un proceso complejo y no singular, en tanto que el “testeo”, es simplemente, un procedimiento comparativo entre una consecuencia observacional y una observación. Una hipótesis (o una teoría) que no tuviese consecuencias observacionales no sería susceptible de este control empírico, y en general, de este tipo de estrategia metodológica. De ahora en adelante, mientras no digamos nada en contrario, supondremos que las hipótesis que estamos considerando son aquellas que son contrastables, o sea que tienen consecuencias observacionales y por tanto permiten su contrastación.
Vida y muerte de una hipótesis
¿Cómo prosigue la práctica del método hipotético deductivo si una hipótesis científica queda corroborada? Popper aclara que, en un principio, en lugar de corroboración, empleaba la palabra confirmación: afirmaba que una hipótesis que ha resistido el intento de refutarla queda confirmada. Pero luego desistió de este uso por sus connotaciones de carácter inductivo-probabilístico. Estaríamos tentados de suponer que, cuando hay confirmación, ha aumentado la probabilidad de que la hipótesis sea verdadera o, por lo menos, ha acontecido algo que podría denominarse “elemento de juicio favorable” a la hipótesis. Según observa Popper, y es difícil no coincidir con él, la operación de contrastación no aumenta en ningún sentido (ni absoluto ni probabilística) nuestro conocimiento de la verdad de la hipótesis. Si hay corroboración, una hipótesis prosigue en estado de problema y mantiene su misteriosa falta de verificación exactamente igual que antes de que fuera contrastada. Lo único que Popper acepta, desde un punto de vista pragmático, es que, si se ha contrastado varias veces una hipótesis y ésta ha resistido todos los intentos de refutarla, se puede afirmar que es “fuerte” en el sentido de que ha mostrado su capacidad de supervivencia. Pero entonces es necesario repetir el proceso de contrastación, esta vez con otra consecuencia observacional O2 y su correspondiente observación pertinente nº 2, de la cual nuevamente podría resultar la refutación de la hipótesis (con lo cual acaba el proceso) o bien una nueva corroboración. De acuerdo con lo que, para Popper, sería algo así como una ética científica relacionada con el concepto de investigación, habría que volver a contrastar. Y esto proseguiría indefinidamente en tanto no aconteciese, en el proceso de repetir y repetir la operación de contrastación, alguna refutación que terminara imprevistamente con la hipótesis. De no ocurrir ello, la hipótesis permanece en estado de problema, se la puede sostener y emplear como supuesta verdad para la investigación científica.
Nos enfrentamos ahora con una cuestión metodológica adicional: ¿qué sucede cuando se dispone de hipótesis alternativas para explicar los fenómenos o problemas en estudio? En general, no hay más remedio que investigar cada hipótesis por separado y confiar en que, a la larga, una de las hipótesis quede refutada y la otra corroborada, en cuyo caso la comparación entre ambas ha terminado porque una de ellas ha fracasado y la otra ha mostrado ser suficientemente “fuerte”, por el momento, para sobrevivir. Esto es lo que ha llevado a señalar a algunos autores que el proceder hipotético deductivo opera metafóricamente de un modo similar a la evolución darviniana. Hay hipótesis en competencia con supervivencia de la más apta, porque la menos apta quedará refutada antes, lo cual no significa que tarde o temprano la supervivencia no correrá la misma suerte a causa del desarrollo de los acontecimientos. En esta concepción del método, la vida de una hipótesis (o de una teoría) es dura, trágica y para cada una de ellas podría escribirse acerca de su nacimiento, pasión y muerte. Ante el problema que debe resolver, la hipótesis nace, pero luego empieza el terrible proceso de contrastación por medio del cual se la intenta aniquilar. Ella resiste, pero constantemente es agraviada por nuevos episodios de contrastación hasta que, finalmente, la refutación termina con ella en un dramático episodio de muerte epistemológica.
El método científico consistiría, entonces, en enfrentar problemas, proponer hipótesis, aplicar la lógica para averiguar qué implican, confrontar sus consecuencias con la realidad observable y, de acuerdo con el resultado, abandonar la hipótesis por refutación o conservarla por corroboración. Esta concepción, por supuesto, conserva ecos de antiguas metodologías. La componente racionalista, que se advierte tanto en el platonismo como en el aristotelismo, se manifiesta aquí por el hecho de que inventar hipótesis implica un ejercicio de nuestra mente, de nuestra razón y de nuestra imaginación. Pero, por otra parte, el método reserva un importante papel a la experiencia. Los datos empíricos ya no desempeñan el papel verificador que tenían en el método inductivo del antiguo empirismo, pero son indispensables en dos etapas del método hipotético deductivo. En el contexto de descubrimiento, cumplen la función de llevarnos hacia los problemas, pues ¿qué otra cosa sino las observaciones son las que muestran que hay algo intrigante o incomprensible que merece la formulación de una hipótesis? Por otra parte, y en un sentido aun más importante, son el elemento de control a través de las contrastaciones, y permiten poner en evidencia, de esta manera, las excelencias o defectos de nuestras hipótesis. Resulta por tanto que el método hipotético deductivo es una especie de combinación humilde, no pretensiosa y no justificacionista de la orientación racionalista aristotélica y del empirismo asociado al método inductivo tradicional. Debemos agregar que, además de imaginación para producir hipótesis, el método incluye el mecanismo lógico, que debe computarse del lado de nuestras actitudes racionales y no del de la observación empírica. Esto es lo que convierte al método hipotético deductivo en un procedimiento que tiene más analogías con el pensamiento aristotélico de lo que, en principio, se pudiera creer.
*En realidad la ley de Galileo es sólo una aproximación muy aceptable de la ley de caída que se deduce de la teoría de Newton. Lo mismo sucede con las leyes de Kepler y otras ya conocidas en años anteriores a la formulación de la mecánica newtoniana.
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